domingo, 14 de diciembre de 2014

Ay Joaquinito

¿Qué pasó flaco? Se te vino encima el escenario, se apagó tu voz entre quejíos que para nada eran los tuyos y dejaste a tus fieles en mitad de un "te quiero". Ay Joaquinito, como ha podido pasarte esto, toreabas en casa, en la plaza que tantas alegrías te ha dado, la que te tiñe las canas. Ya sabemos de tus nervios antes de saltar al ruedo, de tu bombín ajado por el tiempo y de tus pulmones maltrechos por el humo de tantos bares, pero ahí seguimos, respirando cada letra y cada acorde, llenando los salones para volver a escuchar aquel disco que a tantas musas despeinó.

Ay Joaquinito, no ganamos para sustos, antes fue el Marichalazo y ahora el Pastora Soler, -espero que tu lista de males famosos se quedé como está y no te venga un Rajoy a quitarte la dignidad-. Cuando te habías hecho las Américas y la Cibeles te esperaba con su anillo de pedida que mangaste en el Corte Inglés, cuando los perros del amanecer habían ladrado tu regreso y como locos los sabineros nos lanzamos a copar el teatrito, vas tú y nos dejas sin bises. Maldita sea, Joaquinito. ¿Como no te vamos a perdonar? Si nos debemos a tus letras y a tu caricatura de estatua de sal, estás perdonado por ahora y siempre, aunque no vuelvas a pisar las tablas, aunque decidas recluirte en tu despachito, rodeado de tus ripios y tus 37 chansons. Nos has dado ya todo lo que nos merecemos... y más.



Ahora que tu tren volvía a desembocar en Madrid y tu primo el Nano por fin te dejaba a solas con nosotros, tus miedos se sentaron en tu taburete y te mandaron al carajo, cogieron tu guitarra y no supieron hacerla sonar, menos mal que estaba el bueno de Panchito Varona como buen Sancho aupando a su Quijote, haciendo las delicias de los que nos perdemos alguna que otra noche su "noche Sabinera", este si que tiene Rock&Roll.


En fin, flaco. Que este coito interruptus no sea más que una canallada de las tuyas, ojalá que lo conviertas en canción y nadie rocíe esta herida con vinagre y rosas. Como siempre he dicho, como mi Joaquín.. pa' mi que no hay dos y a mi miré usté, los mismo me da que cante o que no, como siempre, lo esperaré al filo de la madrugada donde siempre hay una canción para las noches perdidas, donde las aves de paso duelen menos.

Larga vida flaco

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