Suele ocurrir en esta época -cuando ya casi nada tiene solución- en la que nos acodamos en la barra e intentamos solucionar todos nuestros problemas, nos hacemos croquis mentales, dibujamos el plan perfecto, acariciamos con la punta del pensamiento la victoria final sobre todos nuestros enemigos y sobre todos nuestros problemas. Pero en realidad no, y tú lo sabes mejor que nadie, que así no se puede solucionar nada, ¿O estás de coña?
Fíjate tú, que me estoy acordando yo ahora de todas las oportunidades perdidas este año, ya ves, ahora tengo la solución a todas ellas. Malditos sean los buenos planes, las palabras correctas y el "adiós" que siempre aparecen tarde, cuando ya no nos hacen falta. Ahora sé que hubiera hecho si me volviera a ocurrir lo mismo, pero entonces no supe, bien porque me equivoqué, bien porque no supe que decir o bien porque no era consciente ni si quiera de que estaba pasando. Pero ahora si, te lo juro, ahora todo habría salido bien.
Y qué decirte de todo el tiempo que hemos vuelto a perder este año? Ahora aquí, tú y yo, sinceramente, hemos perdido más tiempo del que hemos tenido. Sé que no corresponde con ninguna ley física y que es imposible, pero es así. Es lo que tiene tener poco tiempo, que te molesta infinitamente que te lo hagan perder. Porque nos dedicamos año tras año a hacernos promesas vanas; ir al gimnasio, encontrar el amor, que si salud, que si dinero... pero jamás nos proponemos ganar tiempo. Algo tan valioso, fugaz y volátil como es el tiempo, de las pocas cosas que se consumen al mismo tiempo que se está creando, que no se guarda para mañana, que no te espera a que estés preparado, que te ensordece con cada tic-tac. Ya, ya lo sé, no sabes como ganar tiempo porque siempre nos han enseñado a perderlo. Perderlo haciendo cosas que odiamos para gente que (posiblemente) no se lo merece, perdiendo el tiempo en dar explicaciones que ni tú ni nadie necesita. Pero para ganar tiempo hay que empezar a decir que no cuando es que no, hay que saber retirarse de batallas perdidas contra profesionales de la idiotez y hay que saber seleccionar con quién estás dispuesto a ganar y a perder tu tiempo sin que eso te importe.
Y otro año más aquí, amigo. Tú, yo y nuestra cerveza de siempre, todo está raro, diferente, no sé. Quizás sea el momento de irnos, pagar la cuenta y hasta el año que viene, bajar la persiana de este bar como el que apaga el alma, buscar entre los bolsillos algo de suelto y echar la vista atrás. Sé que no va a cambiar mucho el panorama, que volveré a perder el tiempo, que volveré a buscarte, a dejar el coche mal aparcado, a esperarte entre los rescoldos de lo que pudo ser.