domingo, 31 de mayo de 2015

Donde habita el olvido

¿Se puede olvidar a alguien?

Realmente, no creo que exista el olvido, ni que deba de existir. La vida se hace de escombros y de rescoldos y de cenizas que siguen ardiendo.

No quiero generalizar pero existe ese tópico de: los hombres no olvidan casi nunca y las mujeres un día cierran la puerta... y se acabó. Me lo han contado, he visto algunos casos ¿Que si me ha pasado a mi? Por supuesto. Es realmente demoledor.
Y me encantaría discutir esto con algunas mujeres, de echo, he discutido en alguna ocasión y muchas veces ellas están de acuerdo. Pero me dicen que son mas decentes, que en lugar de andarse por las ramas e ir engañando como nosotros hacemos cuando las cosas no andan bien. Dicen, hasta aquí, espero que te vaya bien. Adiós. Y un buen día aparecen del brazo con otro que es aún más gilipollas que tú, con una vida en común, con hijos e hipoteca. Con unas fotos familiares preciosas con un campo verde de fondo. Y a fin de cuentas lo que uno quiere es conservar sus amores siempre, para toda la vida. Y hay quienes dicen que eso es una mentalidad de "harenero" (de harén). Pero si los amigos no se pierden nunca... ¿Por qué se tienen que perder los amores?

Total que después de bajarte la persiana en la cara, tú te quedas pensando que tenías que haberla dejado antes y es justo ahora cuando vuelves a sentir un amor renovado y apasionadísimo por esa chica que no te quiere ni ver. Y empiezas a hacer gilipolleces que atentan incluso contra ti mismo.

Mi vida consiste básicamente en eso, en una gilipollez tras otra.


Y mientras tanto, vete escuchando...
Donde habita el olvido - Sabina

domingo, 10 de mayo de 2015

Me vienes

Me vienes cuando está a punto de acabar el día. Cuando de mi sólo queda el último trago y el próximo bar. Me llueves, me deshaces, me vistes de suspiros.

Me vienes y alteras mis planes. Y me salvas del naufragio o naufragas conmigo. Me llamas, me escueces, me adivinas. 

Me vienes y me buscas entre las claves de sol desafinadas de la banda sonora de tu vida, entre el escombro de plumas que quedó tras tu vuelo. Me pierdes, me desarmas, me recorres.

Me vienes y me atacas por la espalda. Cuando me estaba marchando, cuando de ti y de mi no quedaban más que las facturas pendientes en la cuenta del olvido. Me resbalas, me ensombreces, me resucitas.

Me vienes y cuando no, te busco entre las sombras y los huecos. Y echo de menos la tormenta que trae consigo tu calma. Cuando me vienes y me ganas. Cuando me dejas sin palabras y reconozco en ti mi futuro imperfecto.

No te lo puedo negar, a veces, cuando me vienes cargada de incertidumbre olvido mis deudas y busco refugio en tu falda. Y el miedo, siempre el miedo, a saltarnos el guión, a romper con la cordura y el orden establecido, a rendirnos sin condiciones. El miedo a hacernos caso.

Y sin embargo, aquí estamos, sin razones pero con más de cien mentiras. Con una distancia insalvable que cada día recorremos y al acabar el día volvemos a marcar. Hartos de los reproches con sordina, del y tú más, de esta amnesia, de intentar olvidarnos y decirnos "Nunca más". Ya ves, estamos embarcados en una guerra sin vencedores ni vencidos, sin trincheras en las que protegernos pero de la que siempre salimos vivos.

Así que, para ti van estas líneas, para ti que te pierdes en esta historia e imaginas otras tantas. A ti te advierto. Desoye todo lo que te diga y quédate sólo con una cosa; con lo que haga.