domingo, 1 de marzo de 2015

Rompamos un pacto

Teníamos un pacto, uno de no agresión. Un pacto de esos con letra pequeña y cláusulas trampa. El típico pacto que firmas sin entender ni una sola palabra, que firmas porque si y ya está. Un pacto que venía a decir algo así. Se cambia lo absoluto por lo convenido, es decir, lo que es por lo que según tú debe ser, se acepta que aquí no ha pasado nada y que nos acabaríamos riendo de todo esto, que volvíamos a ser confidentes y como forma de pago por todas las molestias me recordarás que jamás te había sucedido algo así. Conforme o no, firma aquí y paga la cuenta.
Como siempre, antes de un pacto hay, inevitablemente algo que pactar, por ejemplo, un conjunto de situaciones incómodas que deben ser resueltas, una isla sin dueño entre un inmenso mar de dudas y cada palabra que dijimos sin saber demasiado bien todo lo que podían desencadenar.

Teníamos un pacto y que quieres que te diga, no soy de fiar. Deberías haber visto como te creías todas tus explicaciones, como fundamentabas cada hecho mientras arrugabas aquella servilleta en un intento por convencernos y firmar aquel testamento. No se si te diste cuenta, pero no existen caminos contrarios, ni si quiera paralelos, al final, si te paras a observar el universo, dos cuerpos que emiten luz, acaban chocando y convirtiéndose en un agujero negro, desapareciendo, como si alguien tirase de la cadena. Y todo esto se explica porque somos energía. La energía con la que tú me evitas, es la misma con la que yo te busco. Hasta que que chocan y nos diluimos. Hasta que terminamos igualando la balanza energética y desaparecemos.

Y todo esto vino a destiempo. Justo cuando había terminado de colocar la última teja de mi nuevo tejado, apareces tú con ese sucio papel. No me pagan por adivinar silencios ni tampoco por interpretar palabras que en realidad decían si cuando decías que no. Ni me sale a cuenta aguantar las "ganas de...", las llamadas a deshoras y la alegría que trae consigo tu ruido. Y así hasta que hemos llegado hasta donde hemos llegado, a ninguna parte.

Que si, que no lo olvido, ya se que no te gustan todos estos desvaríos y que teníamos un pacto. Pero creo que no lo voy a cumplir, entiende que cada vez que voy a sacar la basura te encuentro en el rellano de mi escalera. Que no terminas de irte y siempre o casi siempre te encuentro cuando vuelves. Olvídate, no tomes partido por lo que pudo haber sido, mejor hazlo por lo que será y no me pidas que te de la razón, aunque la tengas. Voy a hacer como que cumplo con lo convenido, voy a firmar cruzando los dedos. Tú tampoco te has creído ni un solo punto que aquí me planteas y sabes mejor que nadie que puede existir una distancia infinita entre lo que piensas y lo que quieres, entre lo que dices y lo que haces. Que esto más bien parece un contrato temporal.

Y ahora si, hagamos un trato, yo rompo el pacto y tú lo rompes conmigo.