El día que tenga tiempo, hablaré conmigo de ti. Me preguntaré por mi, por ti, por lo que éramos entonces. Porque hoy somos otros, quizás mejores, no lo sé, pero otros. Porque lo que era cuando estaba contigo, era algo excepcional, un estado puntual indeterminado. Un planeta que giraba en torno a una estrella. Y no hace falta decir que lo que era entonces no lo soy ahora. He cambiado de costumbres y de itinerarios. Ya no paso por tu calle y procuro no ir a los lugares que antes habíamos pateado juntos. Los mismos que antes visitaba y sonreía y te recordaba. Pero no quiero olvidar nada de lo que fui. He aprendido que olvidar es una forma de demoler los cimientos sobre los que hoy construyo lo que soy. Que la vida se hace de recuerdos y de cenizas y de rescoldos que aún siguen ardiendo. Por eso el día que tenga tiempo, hablaré conmigo de ti. Para volverme a perder y a encontrar, todo junto, al mismo tiempo.El día que tenga tiempo, dejaré de perderlo en algo tan absurdo como planificar lo que haré cuando tenga tiempo. Si algo hemos aprendido es que es efímero, volátil y perecedero, se consume a la misma velocidad a la que se crea. Y sólo depende de ti aprovecharlo y exprimirlo al máximo o dejarlo pasar de largo. No se trata de hacer muchas cosas, ni de viajar mucho, ni de estudiar demasiado o de hacer el amor con cualquiera que se cruce por tu camino, a veces, la única forma de aprovechar tu tiempo es dedicándotelo a ti mismo. Perder un poco de tiempo en conocerte, te libra de perderlo con gente indeseable, con personas tóxicas, haciendo cosas que no quieres hacer y diciendo que sí a personas que merecían de vez en cuando un no.
El día que tenga tiempo, trataré de terminar todo lo que dejé empezado. Primero, solucionaré aquello que es más importante. Porque hasta ahora sólo me había ocupado de lo urgente y eso es como poner tiritas sobre las heridas abiertas. Antes de taparlas, tienes que procurar limpiarlas bien, que no quede nada dentro que pueda infectarlas y provocar un desastre similar al que se produciría si, directamente, no haces nada. Porque la diferencia entre lo urgente y lo importante es que lo primero te lo imponen desde fuera, es algo que tienes que hacer por o para alguien. Lo importante depende de ti y de tus prioridades. Así que cuando dejas de hacer lo realmente importante, acabas perdiendo el tiempo en aquellas personas que, quizá, no sepan valorar cuanto vale tu esfuerzo.
Y te vas a enterar, el día que tenga tiempo, lo vas a saber. Notarás que no soy el del antes, que no te consumo a tragos largos como entonces, que no te fumo en dos caladas. Sentirás que ahora sólo hay frío, que se acabaron los abrazos, los mensajes a las tantas de la mañana que funcionaban de despertador. Hablarás de mi como el pretérito imperfecto de tu vida, como ahora hago yo. Porque el día que tenga tiempo será porque dejé de malgastarlo contigo. El día que tenga tiempo será porque me agarré por la solapa, me invité a un par de cañas y me dije que tal vez no merecías ser la causa y el por qué de todas mis preguntas. Aunque he de reconocer que de vez en cuando bajo la guardia y en vez de cerrar de un portazo, acompaño el recorrido de la puerta, con la esperanza de que aparezca tu pie en el último momento y corte el cerrojazo y lo acompañes, por ejemplo, de un...: "Esta noche nos dejamos de derrotas".
Quiero pensar que el día que tenga tiempo hablaré conmigo de ti, que dejaré de perderlo planeando todo lo que haré cuando lo tenga, que trataré de acabar todo lo que empecé y que te enterarás de que ahora sí, tengo tiempo otra vez para (mal)gastarlo contigo.
"La arena de los relojes hizo crecer el desierto"