De nada sirve; el amasijo de nervios en el estómago, los nudos en el pecho, el tembleque de la primera vez y el sudor frío que recorre hasta el último poro de nuestro cuerpo, si todo esto sigue un orden. Si todos sintiésemos igual, (con orden), jamás hubiésemos disfrutado, por ejemplo, del dulce placer de enamorarnos a primera vista.No solo esto, dime, que sucede cuando mamá o papá te ordena el cuarto y se te pierden todas las cosas que tenías perfectamente encontradas dentro de tu propio caos, porque además, esta teoría tiene una característica muy importante y es que el caos es propio de cada uno. No hay dos desordenes iguales, ni tan si quiera parecidos. Tu caos es tuyo. Y no busques a alguien que intente ordenarlo o adaptarlo al suyo, elige a alguien que respete tu caos y solamente quiera formar parte de él como un desconcierto más en tu vida.
Quiero a alguien sin planes, sin reloj, ni calendario. Te quiero a ti, que dejas los apuntes a medias y te vienes conmigo sin saber dónde, que no te molesta el sol y que te olvidas de que te esperan para comer. No quiero saber donde estás a cada minuto, ni llamarte por las noches, no quiero citas los domingo, ni explicaciones, quiero disfrutar de tu caos en toda su esencia, sin recortar ni un sólo ápice de la vorágine que provoca cada centímetro de tu piel y que ahora mismo teoriza hasta el último de mis movimientos.
La teoría del caos exige inevitablemente ser valiente. Ser muy valiente, porque no existe ninguna forma de caos construida a base de miedo e inseguridad. No importa si no sabes como desordenar tu mundo ahora mismo, es solo cuestión de tiempo, de inercia. A medida que avanzas y dices que no, cuando es que no y dices "te necesito" cuando de verdad lo necesitas, irás rompiendo los enlaces que mantienen tu vida como una fórmula matemática, cuando comprendas que los abrazos surgen como una explosión de energía que se concentra en un punto minúsculo y que se dan porque sí, porque aquel cabrón ha conseguido transformar tus ganas de llorar en una carcajada limpia.
Sabrás entonces que mi desorden tiene sentido, que no es tan caótico como te lo quiero vender. Mi desastre surge del temporal que provocas con cada risa, es por eso que quizás me esfuerzo tanto en provocarla. Por eso, tal vez, no me planteo buscarme en otro lugar, si por el momento, en tu rincón, ya me encontré.
Y como toda teoría, esta también tiene su definición: Todo lo que sucede a tu lado es ilógico, impredecible, absurdo, carente de cualquier sentido. Pero es ese caos en el que quiero desordenar todas mis ideas. Perder los papeles y olvidar las llaves de casa.