lunes, 28 de marzo de 2016

Palabras menores

Libre te quiero. Cargada de sueños. Con el equipaje siempre a punto. Te quiero libre porque no existe otra forma de querer más sincera que ésta. Libre te quiero, como dice la canción, pero no mía. Sentirte mía, que no es lo mismo. Saber que te sientes libre a mi lado, que soy tu pista de despegue pero también de aterrizaje. Y así, te aseguro que siempre encontrarás razones para volver si algún día necesitas irte por un tiempo.

Te quiero libre y puede empezar a sonar raro. Estamos acostumbrados a la definición de amor que nos dan las películas, las novelas y las revistas del corazón. Ese querer tan a medias, que no sirve para nada y deja al significado reducido a su mínima expresión. Amor del bueno, dicen, del que se mide en regalos, viajes, desayunos a la cama, discos de Luis Miguel, de me muero si te vas, de sin ti no soy nada, de 14 de febrero, de príncipes y princesas. "Amor del bueno" lo llaman quiénes están dispuestos a compartir tanta soledad, los que ingresan en cárceles de cartón piedra y viven en pareja como quién se enrola en una guerrilla militar.

Si digo que te quiero libre, quiero decir que puede que te quiera incluso más de lo que te quieres a ti misma. Te quiero con todos tus lunares y todos los defectos que pueda haber en tu piel. Y no estoy dispuesto a renunciar a ni un solo centímetro que te separa del suelo, aunque vueles tan alto que casi no pueda alcanzarte. Necesito que subas tan alto porque necesito que me cuentes como se ve el mundo desde ahí, desde tu objetivo. Y para eso es necesario que alguien te sujete la escalera desde abajo y te diga "todo irá bien". Tú sólo intenta de vez en cuando mirar hacia bajo, recordar que ese alguien está ahí y que si te mantienes a esa distancia es en parte gracias a él o a ella.

Quizás querer así y no como siempre nos han dicho que había que querer, nos convierta en personas raras. La gente nos dirá que eso no es amor, les dirán a sus parejas que jamás podrían estar con alguien como tú o como yo. Y puede que tengan razón, al menos yo no soy recomendable. Me olvido de las fechas importantes, de las citas, de tu cumpleaños, jamás dejo a mis amigos de lado, ni se me ocurre mirar tu última conexión, ni preguntarte dónde o con quién vas y porqué has llegado tarde, no me importa que la ciudad pare su ritmo para mirarte cuando pasas... mientras yo sonrío y pienso en la mala suerte que tienen por no poder compartir contigo al menos un minuto de su tiempo. De tu tiempo... ese concepto tan relativo, no tengo ni idea cuanto vale un segundo a tu lado, tengo otro concepto sobre la eternidad, consiste en ese instante en el que estando cerca de ti, todo puede pasar. En definitiva, quiero decir que me encanta que me quieran libre. No ser tuyo, pero sentirme tuyo. Y así, te aseguro que siempre encontrarás en mí el mismo escalofrío de adolescente inexperto que sentí la primera vez que llegaste haciendo tambalear los cimientos de mi vida. 


Te quiero libre y eso implica también que te odio y que también me odias. Que sientas que he venido a destrozarte los esquemas, a dejarte sin contestación, a revolver tu vida... y lo que es mejor, todo sin que te lo esperases. Que odies saber que todos somos vulnerables a un sentimiento tan sencillo y natural como este, que no se elige ni se predice. Pasa así, sin más, en cualquier momento sin que estés nunca lo suficientemente preparada. Y puede que quererte libre, también exija admitir que en cualquier instante alguien pueda llegar a tu vida (o a la mía, aunque es menos probable... mírame) y desmonte toda nuestra historia. Supongo que hay piscinas vacías en las que merece la pena nadar. Mientras tanto, yo odio todas las calles por las que paseamos, las esquinas en las que tocan los músicos callejeros y odio por encima de cualquier cosa que algo o alguien huela a ti. Con eso no se juega. Odio no saber retirarme a tiempo, quizás debería de haber empezado por aquí.


Quizás esto no es apto para cobardes. Para ser verdaderamente libre hace falta mucho valor. Hacer lo que te apetece y con quién te apetece sin dar explicaciones a nadie exige una dosis de valor que no sé si tienes. No digo que yo la tenga. Pero si tengo algo y es que no suelo malgastar mi tiempo en arrepentimientos vanos, prefiero invertirlo en salir a la calle a correr el riesgo de encontrarte o en escribir estos ripios que no sirven tampoco para casi nada. En fin, que como te iba diciendo, te quiero libre. Cargada de sueños. Con el equipaje siempre a punto. Te quiero libre porque no existe otra forma de querer más sincera que ésta.



Vete escuchando...
Contigo - Sabina