domingo, 20 de septiembre de 2015

Las cosas normales

Tú, él, ellos, vosotros, nosotros, otra vez tú y siempre o casi siempre, yo. Todos hacemos cosas normales, cosas que no resultan extravagantes a la vista, ni estridentes al oírlas, pequeños gestos que el tacto reconoce sin ningún pudor. Ya saben de que cosas estoy hablando. Ya saben también cuando algo es considerado como normal, cuando todos los individuos de una misma especie lo llevan a cabo sin preguntarse el por qué, el cómo o el dónde. Cuando todos lo repetimos una y otra vez por que sí, porque no tiene más explicación, porque es rutina y eso no se rebate. Lo hacemos porque lo vemos en la televisión o porque la abuela, papá y el profesor de religión nos han dicho que eso era así. Lo vemos en los amigos de toda la vida, en los nuevos, en las parejas que dejamos y en las que ahora acariciamos. Todos ellos son personas normales, haciendo cosas normales.

Y tan normal es todo lo que hacemos, que no nos planteamos si realmente toda esta ciclogénesis explosiva de normalidad no es más que un temporal que nos deja incomunicados, refugiados en casa sin salir, con la nevera llena y esperando que empiece a salir el sol por algún lugar de entre las nubes. Quizás, todo lo que es normal sea sólo una trampa en la que hemos caído como imbéciles, un son que hemos seguido como los ratones en Hamelín.

No se si se han dado cuenta que además, todo lo normal por regla general no es natural. No obedece a los instintos de los que estamos formados, si no a un conjunto de normas y leyes físicas y lógicas que pretenden predecir con exactitud quiénes somos y a dónde nos dirigimos. ¿Siguen sin darse cuenta? estamos hechos de pasión, sólo somos una tormenta de sentimientos a punto de estallar, caótica y única.

Y ahora lo normal, es caminar con la cabeza baja y a toda prisa. Hablar a través de un teléfono que es más inteligente que nosotros. Lo normal es decir lo que todo el mundo quiere escuchar. Pero lo que se lleva ahora son las fronteras con alambres, los escudos antipersonas y las indecencias típicas que comete un grupo de personas normales contra otro grupo de personas ya no tan normales. Dicen que todo esto es normal y que así estaba cuando nosotros llegamos. Loco de aquel que pretenda cuestionar si esto es así o si quizás exista otra forma más natural de hacer las cosas normales.



Y como todo en la vida, para que exista gente normal debe de existir inevitablemente gente que no lo es, gente que le importa un mierda que los demás lo miren y piensen "ESO NO ESTÁ BIEN"
Locos que bailan en mitad de la calle mientras un grupo de locos toca cualquier instrumento, gente que besa a otra gente porque le apetece, que se casa con quién quiere, que se quiere sin reglas. Me gustan las personas absurdas que beben de verdad, que ríen de verdad, que sueñan despiertos. Los que nos ponen a salvo de pequeñas verdades con una mentira piadosa, los que cuando dicen NO, solamente pretenden que le insistas un poco más. Me gustan las mujeres que rompen el cartel de "solo señoritas", que se visten por los pies, se calzan las botas y se pringan de barro. Los imprudentes del amor, que circulan en dirección contraria para encontrarte. Los anormales que hablan con los ojos y te hacen reír sin decirte absolutamente nada. Me gustan las cosas normales de todos los que no son normales.

Y tengo que reconocerlo, tengo especial debilidad por aquellas personas que llegan a tu vida y derrumban tu castillo de normalidad y lo transforman en un pisito sin amueblar, pequeño, de esos en los que no caben dos en el mismo pasillo y dónde jamás te pierdo de vista.
Lo normal es que leas estas líneas y no te des por aludida, lo absurdo sería pensar que una vez más estaba pensando en ti.


miércoles, 9 de septiembre de 2015

Encontré mi abrazo a medida

Si tengo que volver a tener resaca que sea como esta que hoy tengo. Ayer me "reventasteis" a mensajes de felicitaciones, cada uno a su estilo y cada uno dentro de sus posibilidades. Con pequeños gestos que solo conocemos entre él o ella y yo, como si se tratase de códigos encriptados. Creo que he contestado todas y cada una de las felicitaciones, si no es así, por favor háganlo saber.

El caso es que uno muchas veces sólo se preocupa de poner un pie delante del otro, descuidando todo lo importante. Nos volvemos personajes rutinarios e impersonales. Se nos ocurren las respuestas buenas cinco minutos después de haber dado la mala y se nos pasan muchos detalles importantes, como por ejemplo, la sencillez y el coraje de quienes ofrecen una amistad, un amor o un abrazo y se dan la vuelta porque no esperan recibir nada a cambio. Por eso en días como ayer, uno se da cuenta que a pesar de todos los traspiés que da en todas las parcelas de su vida, a pesar de todos los feos que hace (sin intención alguna) y de todas las espantadas... siempre aparecen los de siempre, los que necesito para completar la definición de mi mejor yo.

Gracias primero de todo, a mis becerritos, a pesar de los agobios y estreses típicos de la edad. Estamos en el momento de dar lo mejor de nosotros mismos y sólo haciendo este "in-pass" conseguiremos ser lo que siempre soñamos. Porque siempre nos estamos esperando al principio de cada fracaso y al final de cada éxito y porque todos los bares se nos han hecho pequeños.

Gracias muy especialmente a Andrius, a mi canijo, a Morales, a los Pims-pollos, a mi Lola, a Rosa, al maestro Alex, a... joder, si ya sabéis de quienes os hablo. Gracias por tanto a cambio de tan poco.

Gracias a todos los que rascasteis 5 segundos para escribir un simple "felicidades" y también a los que os sacasteis de la chistera una felicitación currada.

A las felicitaciones que recorren 8.000km sin interferencias y sin pasar por aduanas, por demostrarme que los abrazos también se pueden sentir sin necesidad de recibirlos y que echar de menos es sólo una consecuencia más que tiene querer a alguien, por la que estoy dispuesto a pasar siempre.


Y como no, al cuarteto este tan extraño que se ha montado en tan poco tiempo. Ayer me hicisteis el abrazo a medida más bonito que he recibido en mucho tiempo. Prometo beberlo en vasos de chupito griego.



Vaya chapa, pero necesitaba decir lo que he dicho. Soy así, muy de piel, necesito que me digáis que me queréis porque yo os quiero a vosotros y quiero que os quedéis a mi lado. Es un cumpleaños más, un día como otro cualquiera que todos ellos se encargan de hacer un poco más especial. Hoy encontré mi abrazo a medida, es gigante, tanto como yo después de esta resaca de cariño.

Gracias
Mr. Kilombo - Quédate a mi lado