Y tan normal es todo lo que hacemos, que no nos planteamos si realmente toda esta ciclogénesis explosiva de normalidad no es más que un temporal que nos deja incomunicados, refugiados en casa sin salir, con la nevera llena y esperando que empiece a salir el sol por algún lugar de entre las nubes. Quizás, todo lo que es normal sea sólo una trampa en la que hemos caído como imbéciles, un son que hemos seguido como los ratones en Hamelín.
No se si se han dado cuenta que además, todo lo normal por regla general no es natural. No obedece a los instintos de los que estamos formados, si no a un conjunto de normas y leyes físicas y lógicas que pretenden predecir con exactitud quiénes somos y a dónde nos dirigimos. ¿Siguen sin darse cuenta? estamos hechos de pasión, sólo somos una tormenta de sentimientos a punto de estallar, caótica y única.
Y ahora lo normal, es caminar con la cabeza baja y a toda prisa. Hablar a través de un teléfono que es más inteligente que nosotros. Lo normal es decir lo que todo el mundo quiere escuchar. Pero lo que se lleva ahora son las fronteras con alambres, los escudos antipersonas y las indecencias típicas que comete un grupo de personas normales contra otro grupo de personas ya no tan normales. Dicen que todo esto es normal y que así estaba cuando nosotros llegamos. Loco de aquel que pretenda cuestionar si esto es así o si quizás exista otra forma más natural de hacer las cosas normales.
Y como todo en la vida, para que exista gente normal debe de existir inevitablemente gente que no lo es, gente que le importa un mierda que los demás lo miren y piensen "ESO NO ESTÁ BIEN"
Locos que bailan en mitad de la calle mientras un grupo de locos toca cualquier instrumento, gente que besa a otra gente porque le apetece, que se casa con quién quiere, que se quiere sin reglas. Me gustan las personas absurdas que beben de verdad, que ríen de verdad, que sueñan despiertos. Los que nos ponen a salvo de pequeñas verdades con una mentira piadosa, los que cuando dicen NO, solamente pretenden que le insistas un poco más. Me gustan las mujeres que rompen el cartel de "solo señoritas", que se visten por los pies, se calzan las botas y se pringan de barro. Los imprudentes del amor, que circulan en dirección contraria para encontrarte. Los anormales que hablan con los ojos y te hacen reír sin decirte absolutamente nada. Me gustan las cosas normales de todos los que no son normales.
Y tengo que reconocerlo, tengo especial debilidad por aquellas personas que llegan a tu vida y derrumban tu castillo de normalidad y lo transforman en un pisito sin amueblar, pequeño, de esos en los que no caben dos en el mismo pasillo y dónde jamás te pierdo de vista.
Lo normal es que leas estas líneas y no te des por aludida, lo absurdo sería pensar que una vez más estaba pensando en ti.

