viernes, 30 de diciembre de 2016

¿La última?

Ya ves, aquí estamos, un año más. Tú. Yo. Nuestra cerveza de siempre, la de cada día y no sé porqué hoy se respira otro ambiente, ¿verdad? Será que a medida que se consume la cerveza aumentan los recuerdos, las melancolías y las falsas esperanzas. Suele pasar, amigo, suele ocurrir que a menudo nos arropamos en falsas promesas con la esperanza de que Ulises vuelva sano y salvo de su viaje a Ítaca y, como Penélope, tejemos viejos sudarios que inundamos de lágrimas cada día que no aparece a lo lejos las velas del barco de su amado. 

Suele ocurrir en esta época -cuando ya casi nada tiene solución- en la que nos acodamos en la barra e intentamos solucionar todos nuestros problemas, nos hacemos croquis mentales, dibujamos el plan perfecto, acariciamos con la punta del pensamiento la victoria final sobre todos nuestros enemigos y sobre todos nuestros problemas. Pero en realidad no, y tú lo sabes mejor que nadie, que así no se puede solucionar nada, ¿O estás de coña? 

Fíjate tú, que me estoy acordando yo ahora de todas las oportunidades perdidas este año, ya ves, ahora tengo la solución a todas ellas. Malditos sean los buenos planes, las palabras correctas y el "adiós" que siempre aparecen tarde, cuando ya no nos hacen falta. Ahora sé que hubiera hecho si me volviera a ocurrir lo mismo, pero entonces no supe, bien porque me equivoqué, bien porque no supe que decir o bien porque no era consciente ni si quiera de que estaba pasando. Pero ahora si, te lo juro, ahora todo habría salido bien. 

Y qué decirte de todo el tiempo que hemos vuelto a perder este año? Ahora aquí, tú y yo, sinceramente, hemos perdido más tiempo del que hemos tenido. Sé que no corresponde con ninguna ley física y que es imposible, pero es así. Es lo que tiene tener poco tiempo, que te molesta infinitamente que te lo hagan perder. Porque nos dedicamos año tras año a hacernos promesas vanas; ir al gimnasio, encontrar el amor, que si salud, que si dinero... pero jamás nos proponemos ganar tiempo. Algo tan valioso, fugaz y volátil como es el tiempo, de las pocas cosas que se consumen al mismo tiempo que se está creando, que no se guarda para mañana, que no te espera a que estés preparado, que te ensordece con cada tic-tac. Ya, ya lo sé, no sabes como ganar tiempo porque siempre nos han enseñado a perderlo. Perderlo haciendo cosas que odiamos para gente que (posiblemente) no se lo merece, perdiendo el tiempo en dar explicaciones que ni tú ni nadie necesita. Pero para ganar tiempo hay que empezar a decir que no cuando es que no, hay que saber retirarse de batallas perdidas contra profesionales de la idiotez y hay que saber seleccionar con quién estás dispuesto a ganar y a perder tu tiempo sin que eso te importe.

Y otro año más aquí, amigo. Tú, yo y nuestra cerveza de siempre, todo está raro, diferente, no sé. Quizás sea el momento de irnos, pagar la cuenta y hasta el año que viene, bajar la persiana de este bar como el que apaga el alma, buscar entre los bolsillos algo de suelto y echar la vista atrás. Sé que no va a cambiar mucho el panorama, que volveré a perder el tiempo, que volveré a buscarte, a dejar el coche mal aparcado, a esperarte entre los rescoldos de lo que pudo ser. 


sábado, 7 de mayo de 2016

El día que tenga tiempo

El día que tenga tiempo, hablaré conmigo de ti. Me preguntaré por mi, por ti, por lo que éramos entonces. Porque hoy somos otros, quizás mejores, no lo sé, pero otros. Porque lo que era cuando estaba contigo, era algo excepcional, un estado puntual indeterminado. Un planeta que giraba en torno a una estrella. Y no hace falta decir que lo que era entonces no lo soy ahora. He cambiado de costumbres y de itinerarios. Ya no paso por tu calle y procuro no ir a los lugares que antes habíamos pateado juntos. Los mismos que antes visitaba y sonreía y te recordaba. Pero no quiero olvidar nada de lo que fui. He aprendido que olvidar es una forma de demoler los cimientos sobre los que hoy construyo lo que soy. Que la vida se hace de recuerdos y de cenizas y de rescoldos que aún siguen ardiendo. Por eso el día que tenga tiempo, hablaré conmigo de ti. Para volverme a perder y a encontrar, todo junto, al mismo tiempo.

El día que tenga tiempo, dejaré de perderlo en algo tan absurdo como planificar lo que haré cuando tenga tiempo. Si algo hemos aprendido es que es efímero, volátil y perecedero, se consume a la misma velocidad a la que se crea. Y sólo depende de ti aprovecharlo y exprimirlo al máximo o dejarlo pasar de largo. No se trata de hacer muchas cosas, ni de viajar mucho, ni de estudiar demasiado o de hacer el amor con cualquiera que se cruce por tu camino, a veces, la única forma de aprovechar tu tiempo es dedicándotelo a ti mismo. Perder un poco de tiempo en conocerte, te libra de perderlo con gente indeseable, con personas tóxicas, haciendo cosas que no quieres hacer y diciendo que sí a personas que merecían de vez en cuando un no.

El día que tenga tiempo, trataré de terminar todo lo que dejé empezado. Primero, solucionaré aquello que es más importante. Porque hasta ahora sólo me había ocupado de lo urgente y eso es como poner tiritas sobre las heridas abiertas. Antes de taparlas, tienes que procurar limpiarlas bien, que no quede nada dentro que pueda infectarlas y provocar un desastre similar al que se produciría si, directamente, no haces nada. Porque la diferencia entre lo urgente y lo importante es que lo primero te lo imponen desde fuera, es algo que tienes que hacer por o para alguien. Lo importante depende de ti y de tus prioridades. Así que cuando dejas de hacer lo realmente importante, acabas perdiendo el tiempo en aquellas personas que, quizá, no sepan valorar cuanto vale tu esfuerzo.

Y te vas a enterar, el día que tenga tiempo, lo vas a saber. Notarás que no soy el del antes, que no te consumo a tragos largos como entonces, que no te fumo en dos caladas. Sentirás que ahora sólo hay frío, que se acabaron los abrazos, los mensajes a las tantas de la mañana que funcionaban de despertador. Hablarás de mi como el pretérito imperfecto de tu vida, como ahora hago yo. Porque el día que tenga tiempo será porque dejé de malgastarlo contigo. El día que tenga tiempo será porque me agarré por la solapa, me invité a un par de cañas y me dije que tal vez no merecías ser la causa y el por qué de todas mis preguntas. Aunque he de reconocer que de vez en cuando bajo la guardia y en vez de cerrar de un portazo, acompaño el recorrido de la puerta, con la esperanza de que aparezca tu pie en el último momento y corte el cerrojazo y lo acompañes, por ejemplo, de un...: "Esta noche nos dejamos de derrotas".

Quiero pensar que el día que tenga tiempo hablaré conmigo de ti, que dejaré de perderlo planeando todo lo que haré cuando lo tenga, que trataré de acabar todo lo que empecé y que te enterarás de que ahora sí, tengo tiempo otra vez para (mal)gastarlo contigo.


"La arena de los relojes hizo crecer el desierto"

domingo, 24 de abril de 2016

Las despedidas

Todas las despedidas están cargadas de mentiras, de falsas promesas. Pero sigo sin entender porque lo dejó marchar con tanta facilidad. Ni siquiera corrió tras él. Lo dejó marchar sin más. El caso es que todas las despedidas tienen un protocolo en el que es necesario mentir, quizás para no sentirnos culpables por el fracaso que supone decir adiós a esa persona que jamás pensaste que se iría de tu lado. Joder, si lo tenías todo tan atado que suena a coña que se te haya podido volar.

Las despedidas te hacen decir cosas como: "No te preocupes, yo estaré bien (y aquí, te mentí)" "Yo siempre quise que fueras feliz (pero conmigo, carajo)" o la mejor... "El tipo con el que te vas es un tío de puta madre". Aunque yo sé que es un capullo, quizás tanto como yo. Y no se muy bien que quiero decir con que es un capullo, el caso es que estoy seguro de que no te adivinará jamás como yo lo hacía. Que se joda. Y seguramente no lleguéis a estar juntos más de dos o tres meses. Menos sabiendo el carácter que tiene ella. Es fácil enamorarse de un huracán, pero no es fácil vivir dentro de él. Para eso hace falta saber que estás entrando de lleno en una zona cero porque todo lo que suceda a partir de ahí será responsabilidad exclusiva del capullo que se atreva a soportar las rachas de viento a deshoras y a destiempo.

En las despedidas, sabes que posiblemente sea la última vez que veas esos ojos. Los que te miran y te ves, los que te guían y te siguen, los que te arropan y te desarman. Esa mirada única, sin copia ni nada que se le parezca. Esos ojos que veían a todo el mundo y que sólo te miraban a ti. Tan tuyos, que ni si quiera entendiste lo que te querían decir, porque siempre han estado en el mismo cajón dónde guardas el resto de cosas importantes pero que tienes tan seguras que jamás te cuestionas si necesitan un poco de tu atención. Y ahora estás ahí, recibiendo los últimos parpadeos en forma de lágrimas, de reproche mantenido, de burbuja a punto de explotar. Y piensas en la suerte que tendrá el capullo que se cruce por primera vez contigo y con tu mirada. Porque ahora me dirás que no fue ese el momento más impactante de todos los que habéis vivido y sin embargo, lo tenías ahí como uno más. Que pasó porque tenía que pasar. Por capricho del azar. Hoy volvería a ese momento una y otra vez. Porque sólo los que plantean la vida como una sucesión de instantes que hay que explotar al máximo son capaces de rendirse a tu mirada con la que una vez, por primera vez, derrumbamos todas las cautelas.

Y seguro que ahora mismo tienes muchos motivos para irte y dejarme aquí descompuesto y sin un alma que llevarme a la boca. Seguro que sí. Que ya no te impresionan mis trucos de siempre ni te ríes con mis chistes. Que te sabes todo mi vestuario y que eres capaz de contar mis anécdotas e historietas mejor que yo. Ahora que nos vemos al borde del protocolo de la despedida y que casi nada de lo que te diga va a hacer que me digas un "volvamos a empezar". Ahora sé que cuando digo que no me importa que te vayas, lo que quiero decir en realidad es que si te vas, que no sea demasiado lejos, ni por mucho tiempo.

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Dónde está el final - Revolver




lunes, 28 de marzo de 2016

Palabras menores

Libre te quiero. Cargada de sueños. Con el equipaje siempre a punto. Te quiero libre porque no existe otra forma de querer más sincera que ésta. Libre te quiero, como dice la canción, pero no mía. Sentirte mía, que no es lo mismo. Saber que te sientes libre a mi lado, que soy tu pista de despegue pero también de aterrizaje. Y así, te aseguro que siempre encontrarás razones para volver si algún día necesitas irte por un tiempo.

Te quiero libre y puede empezar a sonar raro. Estamos acostumbrados a la definición de amor que nos dan las películas, las novelas y las revistas del corazón. Ese querer tan a medias, que no sirve para nada y deja al significado reducido a su mínima expresión. Amor del bueno, dicen, del que se mide en regalos, viajes, desayunos a la cama, discos de Luis Miguel, de me muero si te vas, de sin ti no soy nada, de 14 de febrero, de príncipes y princesas. "Amor del bueno" lo llaman quiénes están dispuestos a compartir tanta soledad, los que ingresan en cárceles de cartón piedra y viven en pareja como quién se enrola en una guerrilla militar.

Si digo que te quiero libre, quiero decir que puede que te quiera incluso más de lo que te quieres a ti misma. Te quiero con todos tus lunares y todos los defectos que pueda haber en tu piel. Y no estoy dispuesto a renunciar a ni un solo centímetro que te separa del suelo, aunque vueles tan alto que casi no pueda alcanzarte. Necesito que subas tan alto porque necesito que me cuentes como se ve el mundo desde ahí, desde tu objetivo. Y para eso es necesario que alguien te sujete la escalera desde abajo y te diga "todo irá bien". Tú sólo intenta de vez en cuando mirar hacia bajo, recordar que ese alguien está ahí y que si te mantienes a esa distancia es en parte gracias a él o a ella.

Quizás querer así y no como siempre nos han dicho que había que querer, nos convierta en personas raras. La gente nos dirá que eso no es amor, les dirán a sus parejas que jamás podrían estar con alguien como tú o como yo. Y puede que tengan razón, al menos yo no soy recomendable. Me olvido de las fechas importantes, de las citas, de tu cumpleaños, jamás dejo a mis amigos de lado, ni se me ocurre mirar tu última conexión, ni preguntarte dónde o con quién vas y porqué has llegado tarde, no me importa que la ciudad pare su ritmo para mirarte cuando pasas... mientras yo sonrío y pienso en la mala suerte que tienen por no poder compartir contigo al menos un minuto de su tiempo. De tu tiempo... ese concepto tan relativo, no tengo ni idea cuanto vale un segundo a tu lado, tengo otro concepto sobre la eternidad, consiste en ese instante en el que estando cerca de ti, todo puede pasar. En definitiva, quiero decir que me encanta que me quieran libre. No ser tuyo, pero sentirme tuyo. Y así, te aseguro que siempre encontrarás en mí el mismo escalofrío de adolescente inexperto que sentí la primera vez que llegaste haciendo tambalear los cimientos de mi vida. 


Te quiero libre y eso implica también que te odio y que también me odias. Que sientas que he venido a destrozarte los esquemas, a dejarte sin contestación, a revolver tu vida... y lo que es mejor, todo sin que te lo esperases. Que odies saber que todos somos vulnerables a un sentimiento tan sencillo y natural como este, que no se elige ni se predice. Pasa así, sin más, en cualquier momento sin que estés nunca lo suficientemente preparada. Y puede que quererte libre, también exija admitir que en cualquier instante alguien pueda llegar a tu vida (o a la mía, aunque es menos probable... mírame) y desmonte toda nuestra historia. Supongo que hay piscinas vacías en las que merece la pena nadar. Mientras tanto, yo odio todas las calles por las que paseamos, las esquinas en las que tocan los músicos callejeros y odio por encima de cualquier cosa que algo o alguien huela a ti. Con eso no se juega. Odio no saber retirarme a tiempo, quizás debería de haber empezado por aquí.


Quizás esto no es apto para cobardes. Para ser verdaderamente libre hace falta mucho valor. Hacer lo que te apetece y con quién te apetece sin dar explicaciones a nadie exige una dosis de valor que no sé si tienes. No digo que yo la tenga. Pero si tengo algo y es que no suelo malgastar mi tiempo en arrepentimientos vanos, prefiero invertirlo en salir a la calle a correr el riesgo de encontrarte o en escribir estos ripios que no sirven tampoco para casi nada. En fin, que como te iba diciendo, te quiero libre. Cargada de sueños. Con el equipaje siempre a punto. Te quiero libre porque no existe otra forma de querer más sincera que ésta.



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Contigo - Sabina

















martes, 16 de febrero de 2016

Esto no me interesa, soy un analfabeto

Hace relativamente poco me explicaron que había dos tipos de analfabetos. Unos eran los que no sabían leer ni escribir y los otros, los que sabiendo no comparten su sabiduría con el resto. Cada uno que elija, pero a mi también me parecen peor los segundos que los primeros. A fin de cuentas, los que no saben leer ni escribir muy posiblemente jamás han tenido la oportunidad de elegir entre formarse o dedicarse a sobrevivir. No todos, hay quienes ni si quiera se han interesado por ello. Por eso, los segundos son peores, el hecho de no compartir saber con el resto es un acto no solo de egoísmo si no de superioridad intolerable. Porque no sólo se guardan para sí todo lo que saben, sino que además lo usan en tu contra y te acaban convirtiendo en un completo imbécil. Creerse en la posesión de la verdad absoluta te lleva al fracaso como persona porque si algo hay seguro es que existen tantas verdades y puntos de vista acertados, como personas haya valorando un concepto. Incluso un seis puede ser un nueve si lo miras desde el otro lado. O como decía Descartes "Cambiaría todo lo que sé, por la mitad de lo que desconozco".

Pero aún estando de acuerdo con estas definiciones de analfabetismo, echo en falta una más. Una que vengo observando a medida que sumo amigos en Facebook. Es esta: El analfabeto que no quiere saber sobre lo que no le interesa. Resulta que con esto de las redes sociales ha crecido exponencialmente el acceso a la información, pero claro, sucede que no toda la información es veraz, fiable y por supuesto en un 90% está totalmente sesgada social o políticamente. ¿A qué me refiero con esto? Resulta que este tipo de analfabetos es capaz de compartir fotos de niños con enfermedades terribles porque se dona 1€ por cada click o comparten noticias tales como "Los refugiados vienen a quitarnos nuestras casas, comparte si estás en contra de esto". Total, que se forma en Facebook un batiburrillo de basura intelectual que no hay por donde cogerla. Sin embargo, hay muchísimas cosas que merecen la pena, no todo van a ser malas noticias. Hay noticias, reportajes, entrevistas a personas interesantes, opiniones de columnistas, etc. que sin duda merece la pena leer, estés más o menos de acuerdo con lo que se expone.
Y aquí es donde entran "los analfabetos de nivel 3" por poner algún distintivo. A parte de las cosas absurdas que puedan llegar a compartir, casi todos estos analfabetos caen en la trampa de no querer saber lo que no les interesa. Normalmente parten de una verdad absoluta que tienen preconcebida y de ahí, posiblemente, no los mueva nadie.
Y vamos a casos concretos. Una mujer o un hombre que sea machista, jamás verá el programa de Salvados de Jordi Évole (por ejemplo), y ¿Por qué? Porque les da exactamente igual lo que pueda decir un periodista al respecto de todo esto, porque ellos o ellas, ya tienen claro cual es la "realidad" de todo esto y pasarán de todos los titulares que tengan que ver con la concienciación sobre este tema, y no contentos con esto, se atreverán a hablar de denuncias falsas y de desigualdad en las leyes porque estos analfabetos ya saben todo lo que tienen que saber; La mujer a limpiar y el hombre a joder, la mujer a obedecer y el hombre a mandar, la niña a la escuela de danza y el niño al equipo de fútbol. No necesitan y lo que es peor, no quieren saber que la realidad es bien distinta. Son personas herméticas, perfectas para congelar ideas y prejuicios y fardar de los fresquísimos que están. Por tanto, de los Analfabetos de nivel 3, surgen por ejemplo, los machistas.
Otro tema que trae bastante cola normalmente es el de los refugiados, el islam, los atentados... todo esto puede ser un filón para estos analfabetos que dan mil y una recetas para acabar con el conflicto exterminando a todos los moros. Y huyen de todo aquel que trate de explicarle que no es lo mismo moro, que musulmán, que árabe, que Islam, que si Mahoma o que si Alah. No soy teólogo, es sólo un ejemplo más de que la estupidez humana si que tiene techo y que hay algunos que están encantados con chocarse una y otra vez hasta perder el conocimiento. Estos analfabetos jamás han compartido mesa con un musulmán que le explique en que consiste su religión, o jamás han hablado con una persona que ha tenido que huir de su país porque estaba amenazado por defender una u otra postura ideológica. Pero al igual que antes, ni se han sentado a la mesa con ellos y por supuesto, no quieren hacerlo, no sea que alguien los conmueva con sus historias y tengan que llorar delante de sus amigotes. De los analfabetos de nivel 3, surgen también los xenófobos y los racistas. 

Podemos poner mil ejemplos más, es más, animo a que todo aquel que quiera sume más ejemplos. Y hago una pequeña reflexión al respecto de todo esto. Tengo que reconocer que he sido un analfabeto de nivel 3 en muchas ocasiones y no puedo asegurar que no lo vuelva a ser. Apago la Tv cuando aparece Marhuenda o Jiménez Losantos, a veces paso de largo por noticias que hablan de PODEMOS o el PP, muchas otras veces no soy capaz de leer ni si quiera un párrafo que es lo que ocupa una noticia de interés o una opinión de alguien interesante. Quiero decir, que llevo mucho tiempo intentando cambiar toda esta dinámica, a lo mejor, yo lo tengo realmente fácil, porque me gusta rodearme de personas que no están de acuerdo conmigo, con personas que han viajado al rincón más oscuro del planeta y te han explicado como es la vida allí, pretendo ser una persona maleable, con plasticidad, capaz de cambiar de opinión cuando la explicación es contundente, capaz de ceder mi verdad por tu verdad y sobre todo partir desde mi isla y encontrarme contigo en alta mar, a la deriva, hasta que alguien venga a rescatarnos. Esto no quiere decir que renuncie a mis principios, ni que peleé por lo que considero justo, pero antes de lanzarme a la pelea, quiero saber porque estamos en guerra.
Y ahora trata de buscar a quién te cambie la visión del mundo o a quién te muestre algo que no has descubierto aún. A ti, que he descubierto el mundo a través de tu objetivo. Que ni los puentes son tan romanos, ni las mezquitas tan moras



martes, 9 de febrero de 2016

Aforismos


Me nombraron Doctor Honoris Causa en ser el valiente para todos tus miedos

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Las únicas cosas que perdemos son las que no buscamos

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Yo acumularé postales de todos tus destinos,
sólo recuerda que todas tus postales, al final, tienen el mismo destino

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A menudo las pupilas más urgentes no tienen prisa dos pestañeos después

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Podrás huir de todos menos de (m)ti

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La mujer de mi vida vive en la acera de enfrente y saca la basura todos los días a las 5 menos un minuto

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Nos volvimos alérgicos al polen de la libertad

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Hubo de todo; insultos, carencias, huidas y disparates. Justo después, no quedó nada

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Me dijiste que lo dejara todo por ti y dejé de seguirte.

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Los celos son una declaración de complejos

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Si nunca te equivocas es que no te atreviste lo suficiente

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Una manzana podrida sólo pudrirá al resto si no se quita a tiempo

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Llorar es bueno, elimina las penas en suspensión

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Antes de cerrar la herida, procura que quede bien limpia

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Un amor imposible es aquel en el que intervienen dos cobardes

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La igualdad se consigue explicando las diferencias

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Soy de quién me podría escapar y no quiero

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Debe estar de moda el apartar de tu lado a quién lo da todo por ti. Casi todo el mundo lo hace

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Rendirse es como hacerle el amor a tu peor enemigo

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La valentía consiste en salir a la calle a pesar de las nubes negras. La estupidez es hacerlo sin paraguas

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