Me vienes y alteras mis planes. Y me salvas del naufragio o naufragas conmigo. Me llamas, me escueces, me adivinas.
Me vienes y me buscas entre las claves de sol desafinadas de la banda sonora de tu vida, entre el escombro de plumas que quedó tras tu vuelo. Me pierdes, me desarmas, me recorres.
Me vienes y me atacas por la espalda. Cuando me estaba marchando, cuando de ti y de mi no quedaban más que las facturas pendientes en la cuenta del olvido. Me resbalas, me ensombreces, me resucitas.
Me vienes y cuando no, te busco entre las sombras y los huecos. Y echo de menos la tormenta que trae consigo tu calma. Cuando me vienes y me ganas. Cuando me dejas sin palabras y reconozco en ti mi futuro imperfecto.
No te lo puedo negar, a veces, cuando me vienes cargada de incertidumbre olvido mis deudas y busco refugio en tu falda. Y el miedo, siempre el miedo, a saltarnos el guión, a romper con la cordura y el orden establecido, a rendirnos sin condiciones. El miedo a hacernos caso.
Y sin embargo, aquí estamos, sin razones pero con más de cien mentiras. Con una distancia insalvable que cada día recorremos y al acabar el día volvemos a marcar. Hartos de los reproches con sordina, del y tú más, de esta amnesia, de intentar olvidarnos y decirnos "Nunca más". Ya ves, estamos embarcados en una guerra sin vencedores ni vencidos, sin trincheras en las que protegernos pero de la que siempre salimos vivos.
Así que, para ti van estas líneas, para ti que te pierdes en esta historia e imaginas otras tantas. A ti te advierto. Desoye todo lo que te diga y quédate sólo con una cosa; con lo que haga.

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