Los martes y los miércoles descubro en tu parpadeo un temporal de nieve y frío, los periódicos se arrugan con cada noticia y el hambre cierra sus puños. Buscamos entre la basura los restos de aquel abril donde los valientes corrían delante de los grises. Aplaca tu ira el camino que nos queda por recorrer y yo te aseguro, que nos volveremos a encontrar derrotando imposibles. Y ¿qué esperabas? Sabes que en tu causa me pierdo yo, no queda tanto para anochecer y aún sigo recogiendo los cristales que quebró tu ausencia, dime que ya no me buscas, que no necesitas que nadie averigüe tu acertijo y te complete sin parecerse en nada a ti, dame tiempo y quizás te vuelva a dar los motivos que necesitas para esperarme al final de esta semana.
Dicho esto, llego al jueves y necesito rezar por todos mis pecados, los amigos de toda la vida, una caña y la tapa del día. Puntuales nos encontramos en el bar de siempre, al pie de la barra donde cualquier historia se convierte en poesía y el plantón de aquella chica, duele menos, nunca fuimos unos 'dundees'. Nos abrazamos por nada y recordamos todo lo que nos ha traído hoy hasta aquí. Amigos, no hemos cambiado tanto, aún nos damos por debajo de la mesa cuando pasa la rubia por delante y reímos a carcajadas sin importar cuanto le molesta a los demás. Pero crecemos y olvidamos que somos invencibles, que el tiempo pasa de largo por nuestras puertas y aprendemos a respetar al reloj a desgarrar los minutos y a nuestra edad nos doblamos en mil pedazos y maldita sea, no estamos todos los que somos y en esta quedada toca beber por los que hoy no han podido venir.
¿Por qué no nos queremos? Venga, va, dímelo, créeme que estoy justo al borde de tu sonrisa, si sigues por este camino hoy no te libras de mis historias, el viernes nos aguarda con sus luces de verano y tú amenazas con abrasar las aceras, empezamos bien, acabas de llegar y ya me siento perdido. Aunque bombardeen la ciudad, tú camina y cuéntame que ha sido de ti todo este tiempo, no me digas que olvidaste lo que era pasear por estas calles. Tranquila que hoy hemos saltado como exploradores, ¿recuerdas? Yo me perdí justo al principio. Y sin embargo, fíjate, no tengo claro casi nada pero no pienso aterrizar en esta duda. Ya lo sabes, prefiero el infierno porque tampoco voy a arrepentirme de lo que dije, nunca no me gustó subastar mis pecados ni malgastarlos en arrepentimientos vanos.
Vamos bajando la cuesta, esperan los nuestros con el plato puesto, pendientes del vino, que no falte, hoy tenemos que celebrarlo, es domingo y los dioses descansan. Necesitamos recobrar la frescura y la conciencia, mañana todo volverá a empezar y las plazas se prepararan para la asamblea, el día que está por llegar se anuncia en cada pancarta, tapemos las calles amigo, es el momento del ahora y no queda tiempo para después porque para entonces las vallas habrán escupido a miles de humanos haciéndoles prisioneros de su propia patria, carnes de cañón de la codicia de sus jefes y víctimas de tu pasividad y de la sinrazón que reina en cualquier despacho presidencial. Para entonces el dinero habrá cubierto la conciencia de quienes no tienen los 21 gramos de alma. Y entonces no habrá quién nos libre de nosotros mismos.
Cierro la semana, retomo mi lunes a la hora en que deja de doler, te miro y pienso que desde que te encuentro todo se vuelve verdad.
Hay canciones que pierden su estado natural, que escapan del pentagrama y se convierten en ese algo o alguien. Hay canciones que de manera encubierta te atacan y te dicen todo lo que un día quise y no supe decirte. "Ahora que te encuentro"
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