jueves, 19 de noviembre de 2015

Déjame en paz

No lo voy a negar, hoy te he visto y ¿qué he hecho? temblar ¿no lo notaste? puede que no estuvieses lo suficientemente atenta. No, no lo voy a negar, intenté pasar de largo, me subí los cuellos de mi abrigo y me escondí bajo mi enorme bufanda, saqué el móvil fingiendo que alguien se acordaba de mi -como tú lo hacías ¿recuerdas?-, sonreí e intenté que pensaras que antes de ti ya estaba yo. Y es cierto, no lo puedes negar, antes de ti yo ya reía, yo ya cantaba, yo ya suspiraba. Después de ti, aunque lo sigo practicando, ya no tiene destinatario.

Ahora que he sentido verdadero frío al verte, ya no puedo quererte más. Te sientan muy mal los planes de boda, los futuros ciertos y el saber que media ciudad se muere por ti. Ahora que no me necesitas, que no buscas en mi el fuego, ni el cigarro. Ahora que la vida es un paréntesis seguido de dos puntos suspensivos, te digo que me vacuné contra el deseo y la necesidad. Ahora que me pongo ungüento y que los dos sabemos que la tormenta no siempre anuncia un chaparrón. Ahora que ya no viene a cuento. Ahora que te digo adiós.

Me dices que siempre has sido una malquerida, que no te escribieron ni una sola poesía, que te sentías abandonada cuando te acariciaban por la espalda y que yo en algún momento me convertí en alguien que miró más allá de la espuma que dejabas en tu orilla. Anda, no sigas por ahí, que igual me enredas. Lo haces siempre. No digo que no tengas la capacidad de hacerlo, es que además sigues tiendo un gran poder. Esto no cambia nada, mejor vete. Mejor me voy.

Es que igual vas y sonríes y perdona pero tengo prisa. Puede que me líes. Igual vas y me tocas, a tu manera -esa manera tan tuya que ojalá sólo fuese mía- sabiendo que provocas. Te lo ruego, no es que no quiera querer, pero me falta piel y me sobran ideas. No seas cruel con mi flojera y mi temblor.

Ni se te ocurra, que veo tus intenciones. No me abraces, que igual te enlazas y es imposible desatarte. Pero que brío, que benditas maneras, tus brazos son cadenas y no confesionarios. Igual ya no me aguanto, te advierto cariño, que por menos de esto ardieron ciudades enteras. O quizás mejor, quizás me insultes a base de promesas, como tú sabes. Y me besas, como ya sabes.

Y que salga el sol por Antequera o por Algeciras o por Bagdad. Los borrachos tiran las copas para aplaudir y le siguen otros tantos, cientos, miles, millares. Y se llenan de cristales todas las calles, y se cortan los chavales si te ven venir. Anda, déjame en paz, retira esa mano, no me mires, no te me abraces, no me quieras a mal, corazón. Que con estas dos copas de más estoy a punto de inundarme. Y lo mismo me da. Y es un placer. 

Déjame en paz, es decir, déjame contigo, aunque signifique el fin del mundo, ya te lo he dicho, lo mismo me da.


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