Huye de los malos hábitos, deja de fumar, bebe menos y vivirás mucho más... pero con muchos menos amigos. Abandona la vida sedentaria, sal a correr o a caminar, estrella el Ipad, el Ipod, la tablet, el smartphone y la olla Termomix contra el suelo. Muy fuerte. Vuelve a saborear eso que algunos llaman comunicación. La de la piel, no la que llevamos años reinventando. Y fíjate si ahorramos en imaginación que nos ceñimos a 140 caracteres, solo 140 para expresar todo lo que nos conmueve, nos alegra o nos pone a tono. 140 caracteres para indignarnos, para dar rienda suelta a nuestra malgastada voluntad de cambiar lo que nos rodea.
Miente todo lo que sea necesario, pero hazlo bien. No porque la mentira tenga las patas muy cortas, que también, sino porque quedarse a media mentira es quedar a media verdad para siempre y eso bien sabes que no hay quién lo enmiende. Alimenta tu ego cada día, dale de comer lo que te pida y mírate al espejo y entrégate al noble arte del amor propio, exento de riesgos y gatillazos incómodos. No te extrañes entonces si después nadie se perfuma para ti, ni te ayuda a hacer las mudanzas. Quién pierde el tiempo en peinarse lo pierde en enamorarse. Y hablando de amor. Hazlo. Da igual el sitio, la cama, la cocina, sobre la mesa... hazlo en la calle a la vista de todos, hazlo para que te aplaudan pero sobre todo hazlo por y para tu satisfacción. Enamórate mucho y bonito, hazlo sin trincheras, sin medias tintas, enamórate con sinceridad. Enamórate de absolutamente todo porque hay quién dice y con razón, que la piel es para quién es capaz de erizarla. Pero no vayas a confundir el amor con la pasión, ni con los besos, ni con los abrazos, ni con las carantoñas, ni si quiera con una cita en el parque, no vayas a ceñir su significado a la más mísera expresión, no vayas a enamorarte y morir en el intento.
Aprovecha tu tiempo o compártelo o fúmatelo de una calada. Da igual lo que hagas con él, eso si, no lo pierdas. Agárralo siempre por la cintura y no te atrevas a desperdiciarlo. No lo malgastes en arrepentimientos vanos, no lo inviertas en personas vacías y tampoco lo ates a la pata de la cama. Intentar parar el tiempo es sólo una forma más de dejarlo escapar. Y no desesperes si alguna vez no lo encuentras, sal a buscarlo, no debe andar lejos. Mira bajo la ropa, busca entre los mensajes de perdón que nunca llegaron y deja de imaginar donde estará. Porque vivir no es otra cosa que el continuo tic, tac de un reloj cerca del oído, una selva de segundos y minutos que nos enmaraña y nos persigue con acuse de recibo y carácter retroactivo.
Y si decides marcharte, hazlo bien lejos. No dejes ni el rastro ni la duda de que hubiera pasado si no te llegas a largar. Eso si, abrígate. No vuelvas tarde y come fruta. Olvídate de cartas y postales, de remites y selfies en Instagram. Deja, yo qué se, una nota en el frigorífico, la sensación de una calle vacía, el frío que solo cura tu abrazo y deja también un te echo de menos, por si acaso.
Ah y antes de cerrar esto, importante. Cuídate de los que te aconsejan no llorar, de los que te dicen que si ellos fueran tú harían justo lo que tú no has hecho. Los que te peinan y te dicen que todo pasará. Por favor, obvia a los que intentan tomar tu vida como un experimento sociológico y hacen como si te ayudaran. Llora hasta que no te quede una sola gota, arruga cada papel con rabia, maldice a quién tengas que maldecir y quema cada hoja del calendario, cada segundo y cada kilómetro que os separa. No tengas clemencia con la ignorancia de quién te pide calma y busca entenderte. No busques paz ni consuelo hasta que no sientas que puedes y sobre todo, que quieres volver . Hasta que no te cargues de la valentía suficiente para remendar todas tus virtudes, hasta que tu sístole responda a cada diástole, hasta que las camas vuelvan a ser compartidas, hasta que el ruido atronador de su susurro no raje los cristales e inunde los pasillos de la casa. Huye de quién te pretenda dar un consejo, lejos y rápido, que no te alcancen sus palabras sacadas del manual del buen entendedor. Pero déjate convencer por quién jamás se atrevería a juzgar lo que eres y sin embargo cuando la cagues, te esté esperando para decir "Te lo dije".
Esto no es un consejo, no lo tomes como tal, cágala libremente y cuando lo hagas, solo entonces... búscame, estaré esperándote, ya sabes dónde. Será la excusa para terminar lo que siempre dejamos a punto de.
Vete escuchando...
Joe Cocker - The simple things
Y si decides marcharte, hazlo bien lejos. No dejes ni el rastro ni la duda de que hubiera pasado si no te llegas a largar. Eso si, abrígate. No vuelvas tarde y come fruta. Olvídate de cartas y postales, de remites y selfies en Instagram. Deja, yo qué se, una nota en el frigorífico, la sensación de una calle vacía, el frío que solo cura tu abrazo y deja también un te echo de menos, por si acaso.
Ah y antes de cerrar esto, importante. Cuídate de los que te aconsejan no llorar, de los que te dicen que si ellos fueran tú harían justo lo que tú no has hecho. Los que te peinan y te dicen que todo pasará. Por favor, obvia a los que intentan tomar tu vida como un experimento sociológico y hacen como si te ayudaran. Llora hasta que no te quede una sola gota, arruga cada papel con rabia, maldice a quién tengas que maldecir y quema cada hoja del calendario, cada segundo y cada kilómetro que os separa. No tengas clemencia con la ignorancia de quién te pide calma y busca entenderte. No busques paz ni consuelo hasta que no sientas que puedes y sobre todo, que quieres volver . Hasta que no te cargues de la valentía suficiente para remendar todas tus virtudes, hasta que tu sístole responda a cada diástole, hasta que las camas vuelvan a ser compartidas, hasta que el ruido atronador de su susurro no raje los cristales e inunde los pasillos de la casa. Huye de quién te pretenda dar un consejo, lejos y rápido, que no te alcancen sus palabras sacadas del manual del buen entendedor. Pero déjate convencer por quién jamás se atrevería a juzgar lo que eres y sin embargo cuando la cagues, te esté esperando para decir "Te lo dije".
Esto no es un consejo, no lo tomes como tal, cágala libremente y cuando lo hagas, solo entonces... búscame, estaré esperándote, ya sabes dónde. Será la excusa para terminar lo que siempre dejamos a punto de.
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Joe Cocker - The simple things

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